Los riesgos de la acuicultura sin regulación apropiada

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Piensa en una “granja industrial” que produzca carne vacuna para restaurantes de comida rápida: miles de animales apretados en corrales claustrofóbicos e insalubres. Los granjeros inyectan al ganado un cóctel de medicamentos y hormonas para el crecimiento. Hay enfermedades a granel, por lo que se usan antibióticos potentes para mantener vivos a los animales. Los excrementos y los desechos químicos suelen acabar drenándose por vías fluviales cercanas a las granjas y se filtran hasta alcanzar el nivel freático.
 
Ahora imagínate la misma situación pero cambia las vacas por peces y los corrales por “jaulas marinas” sumergidas en el océano. Al igual que las granjas industriales en tierra, estas instalaciones de “acuicultura” pueden causar daños muy graves al ambiente circundante. AIDA se está esforzando en abogar por que se fortalezcan las leyes que rigen estas industrias en todo América.
 
Cuando pensamos en pesca comercial, lo que nos suele venir a la mente es cómo se lanza una red y cómo al recogerla trae gran cantidad de peces vivos. Sin embargo, la pesca tal como la conocemos está quedando relegada al pasado: la reducción de las poblaciones silvestres de peces y la creciente demanda de marisco han provocado que cada vez le resulte más difícil a la industria pesquera mantenerse a flote con los métodos tradicionales. En este contexto la acuicultura se presenta como el método del futuro, y representa un gran negocio. Entre 1990 y 2004, la cría de salmón en cautiverio en Chile creció un 825% y casi la mitad de todo el marisco que se consume en los Estados Unidos se cría en granjas acuícolas.
 
En vista de este crecimiento extremadamente rápido se hace necesaria una supervisión estricta para proteger las zonas costeras de daños irreparables. Los desechos y la comida en exceso que producen miles de peces en recintos cerrados pueden descender hasta el lecho marino y ahogar ecosistemas delicados. Asimismo, entre las poblaciones de peces comerciales se extienden rápidamente los patógenos, que luego infectan poblaciones naturales.
 
Por si fuera poco, puede resultar difícil contener a los peces en las granjas. Las tormentas, los errores humanos y las intrusiones forzosas de depredadores locales hambrientos pueden provocar fugas masivas de peces fuera de sus jaulas. Al dispersarse a los ecosistemas naturales, los peces cultivados se reproducen con las poblaciones silvestres y disminuyen la pureza genética de éstas poblaciones. Si los peces criados en la granja no son autóctonos, se convierte en una “especie invasiva” y amenazan con desestabilizar todo el ecosistema.
 
La acuicultura constituye una industria muy poco regulada. Lo cierto es que muchos de estos problemas se pueden corregir con supervisión responsable. AIDA ha elaborado una serie completa de buenas prácticas para que los gobiernos las sigan al redactar normas relacionadas al ambiente marino de las granjas. Hasta la fecha hemos asesorado sobre leyes de acuicultura a organismos oficiales de México, Costa Rica, Belice, Honduras y Jamaica, entre otros.
 
Además, las iniciativas legales de AIDA para reforzar la supervisión han resultado ser efectivas. En 2007, AIDA apoyó a Justicia para la Naturaleza y PRETOMA en una petición para que se detuviera la construcción de una granja de engorde de atunes de aleta amarilla en Costa Rica porque los posibles efectos ambientales de la zona no se habían evaluado apropiadamente. La Corte Constitucional se puso del lado de las ONG e impidió que la construcción pudiera proseguir sin una evaluación de impacto ambiental indónea, que la empresa todavía tiene que realizar. En 2011 la autoridad ambiental(Secretaría Técnica Nacional, SETENA) archivó el proyecto. En un caso similar en 2008, AIDA puso de manifiesto el hecho de que un proyecto de cría de una especie de pez agresiva y no autóctona del Mar de Cortés en México suponía un riesgo elevado para las poblaciones marinas propias de la zona. Las autoridades mexicanas estuvieron de acuerdo y denegaron la licencia para este proyecto.

Por desgracia, el problema sobrepasa de ser un caso aislado y la acuicultura sigue suponiendo una amenaza para ecosistemas marinos y costeros frágiles. Para proteger nuestros recursos y tesoros ambientales y seguir manteniendo al mismo tiempo la seguridad alimentaria en América, tenemos que elaborar políticas sostenibles para regular este sector. En los próximos meses y años, AIDA luchará con vigor para frenar las granjas de acuicultura irresponsables y promover una acuicultura sostenible.

 

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